Contaba que, tras encargarles el trabajo de crear Entombed, dos programadores de la empresa en la que trabajaba Sidley haban acabado en un bar intentando ahogar sus penas porque no conseguan dar con la clave para crear laberintos aleatorios. De los chupitos de tequila pasaron a fumarse unos buenos leos y, lo que deba ser una noche de investigacin, se convirti en una farra memorable.