Los discursos institucionales, de los padrinos y las madrinas, de los docentes y de los propios estudiantes marcaron el pulso de un programa apretado. Los aprendices -nunca dejarn de serlo- escucharon consejos, rieron, lanzaron miradas cmplices, crecieron y se dieron cuenta del ingente esfuerzo invertido en sacar adelante sus grados y posgrados.